Jugar, el derecho olvidado de la infancia

Jugar, el derecho olvidado de la infancia

El juego es un derecho de la infancia, y ésta no puede concebirse sin el juego libre. Así lo recoge el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1081) que apunta que “los estados partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad….” , equiparando este derecho al de la educación. No obstante, y pese a esta Declaración, en 2013 el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, en su observación nº 17, alertó sobre el escaso reconocimiento que ha recibido este derecho por parte de sus países miembros y les insta a tomar medidas para respetar la necesidad de los niños a jugar.

El juego es un derecho de la infancia y una necesidad vital para su aprendizaje y crecimiento. A través del juego los niños aprenden a respetar las normas, tolerar la frustración, ser pacientes, empáticos y resolutivos. Además, los juegos que implican actividad física ejercitan sus habilidades y desarrollan su destreza. El juego les permite exteriorizar sus emociones y gestionar sus fracasos y problemas. Por este motivo, y con el objetivo de destacar el papel primordial del juego en la vida de los niños, la Fundación Crecer Jugando ha participado este miércoles en una sesión de la Comisión de Educación y Deporte del Congreso de los Diputados durante la cual sus miembros firmaron una Declaración para promover el derecho al juego a través de la provisión de oportunidades de tiempo y espacio para que los niños y las niñas participen en el juego espontáneo, el ocio y la creatividad.

Esta declaración supone un gran paso para que el juego sea una realidad en la vida de las niñas y niños españoles. Y es que la importancia del juego en la vida de los más pequeños continúa estando subestimada por la sociedad, a pesar de los múltiples beneficios del juego en el desarrollo físico, psicológico, social y emocional del menor, y de que numerosos estudios demuestran que los niños que más juegan, desarrollan mejor sus capacidades y viven más felices y saludables. El tiempo de esta actividad está siendo reemplazado por actividades regladas como los deberes o  las actividades extraescolares,… Sin embargo con esta declaración, se ha abierto una nueva puerta a la esperanza para que el derecho al juego deje de ser por fin el gran olvidado en la infancia.