Mariló Montero

marilo

Mi juguete preferido es el juguete preferido de mi hija. Los juguetes, cuando se heredan, hacen que se mantengan las ilusiones que se vivieron con ellos, y por ellos, durante tu infancia. Se trata de un peluche un poco más largo de una mano extendida y, de ancho, como una mano con los dedos reunidos.

Es de terciopelo largo color café clarito para tratar de emular el color de la piel. Sus orejas son largas y blandas. Blancas por su reverso interno. La cabeza es de plástico duro cubierto por su piel dejando al descubierto su carita pequeña, por donde, con sus ojos, expresa toda su inocencia. Tiene un bultito sonrosado por nariz y la boca abierta para chuparse el dedo gordo de su mano derecha. El cuerpo, al estar relleno de mijo, es blandito y tierno. De todos los regalos que pude haber recibido durante mi infancia este es el que aún me acompaña y duerme en la cama de mi hija. Ambas estamos unidas por esa ternura que hubo en mi niñez, que casó con la suya en su momento y ahora, con el paso de los años, a las dos nos ablanda. Se llama Goffy y me lo regaló mi tía Lola cuando cumplí los tres años. Eramos inseparables; lo somos aún. Me paseaba con él por la calle llamando la atención de quienes conmigo se cruzaban porque le estaba dando vida y personalidad a un ser inanimado que me ha llenado y me sigue llenando de emoción. Como un auténtico y buen ser humano.